Entre los miles de runners que participaron este domingo de los 21K Yerba Buena hubo una historia que logró emocionar tanto como la propia carrera. La de Lucio Enrique Díaz, un hombre que hace apenas cinco años pesaba más de 135 kilos, llevaba una vida completamente sedentaria y jamás imaginaba que algún día iba a completar competencias de larga distancia. Hoy no solamente corre carreras de 10 y 21 kilómetros, sino que además empezó a subirse a podios y a transformarse, sin proponérselo, en un ejemplo para muchos corredores que recién empiezan.
Cuando terminó la carrera en Yerba Buena, Lucio buscó rápidamente a su esposa entre la multitud. Apenas la encontró, la abrazó sonriendo, todavía agitado por el esfuerzo. Porque detrás de cada entrenamiento, de cada carrera y de cada cambio que logró en estos años, aparece siempre la misma persona: Mariana Monteros, su compañera de vida y también quien terminó acercándolo al running casi sin darse cuenta.
“Yo la llevaba a entrenar y me sentaba a tomar mate en un banco, dándole la espalda al grupo porque no me gustaba correr, literalmente”, recordó Lucio. En aquel momento, entrenar parecía algo imposible para él. “Pesaba más de 135 kilos, me agitaba muchísimo y venía de muchos años de sedentarismo”, contó. Durante meses, la rutina fue exactamente la misma: Mariana entrenaba y él esperaba sentado mirando hacia otro lado. Hasta que una tarde apareció un hombre al que apenas conocía y le dijo algo que le quedó grabado para siempre.
“Fue agresivo, me tocó el ego”, recordó. “Me dijo: ‘¿Cómo vas a estar así? Sos joven, hacé algo’. En ese momento no le contesté nada, pero llegué a mi casa y le dije a mi señora lo que había pasado. Y entendí que, en el fondo, tenía razón”.
Ese día fue el inicio de un cambio enorme.
“Al otro día me compré un short y arranqué caminando”, contó. Ni siquiera pensaba en correr. Primero necesitaba lograr algo mucho más básico: mover el cuerpo. “No podía trotar. Me agitaba mucho y se me cargaban las tibias y las pantorrillas. Habían sido demasiados años sin hacer actividad física”, explicó.
Lucio recuerda que los primeros meses fueron durísimos y que hubo muchísimos días en los que sintió ganas de abandonar. “Me di cuenta de que había perdido mucho tiempo y que tenía que recuperarlo”, dijo. Ahí empezó a ponerse pequeños objetivos. “Me decía: ‘Bueno, de acá a unos meses quiero bajar algunos kilos o quiero poder trotar un poco más’. Y así fui avanzando”.
Con el tiempo aparecieron los entrenamientos más serios y las personas que terminaron siendo fundamentales en su transformación. Primero llegaron Lucas Santillán y Fabiana Vivanco, sus entrenadores de LS Entrenamientos. “Ya son amigos para mí”, aseguró. “Lucas me habla muchísimo, me aconseja, me reta cuando hace falta y siempre está pendiente. Y 'Fabi' tiene esa cosa más compañera, siempre con un mensaje de aliento”.
Otro momento clave en el cambio fue cuando conoció a la nutricionista Carolina Rueda. “Ella hizo un cambio brutal en mí”, afirmó. Lucio pasó de 135 kilos a 94 en apenas un año. “Nunca sufrí hambre. Me ordenó la alimentación y me enseñó a comer”, explicó. “Antes hacía dietas malísimas y vivía completamente desordenado”.
“Entendí que el cuerpo es uno solo”
Con el paso del tiempo llegaron las carreras, los mejores tiempos y también los podios. Lucio todavía recuerda la primera vez que logró correr cinco kilómetros completos. “Casi me sale el corazón por la boca”, contó entre risas. “Nunca imaginé poder hacer algo así”.
Hoy la realidad es completamente distinta. Ya consiguió podios en distintas competencias, salió primero en su categoría en los 21 kilómetros del Maratón Independencia y actualmente pelea campeonatos provinciales. Sin embargo, cuando habla de todo lo que consiguió, siempre vuelve al mismo punto: la salud. “Entendí que el cuerpo es uno solo y hay que cuidarlo”, cerró.